TONI.
Toni y uno de sus compañeros de la compañía farmacéutica en la que trabajaba estaban sentados uno frente al otro en los asientos B12 y B14 del AVE con destino a Madrid que tenia prevista su salida de Barcelona a las 7h 30 de la mañana.
Ambos estaban medio dormidos, mal desayunados y de mal humor pues a ninguno de los dos les apetecía pasar dos días y dos noches en Madrid recibiendo instrucciones y charlas estúpidas sobre como debían hacer su trabajo.
Aquello era una verdadera perdida de tiempo y ellos, ya veteranos en el negocio, lo sabían perfectamente.
Madrid no era una mala plaza pero en invierno y con un curso nacional de por medio no iban a tener demasiado tiempo libre para visitas, salidas , y todo lo demás.
A Toni le gustaba viajar en tren. Hay gente a la que le gusta mucho el tren. Son un tipo de gente, no toda. El tren te suspende sin desconectarte. Avanzas por la tierra con el tiempo para mirar, y estas al mismo tiempo fuera del presente, algo suspendido.
En un tren, sobretodo si viajas solo, puedes tener la sensación de que nadie sabe donde andas.
Toni era un hombre metódico. Tenia don de gentes. Era simpático, sociable, parlanchín. Su compañero, de Zaragoza, era mas bien tímido, algo cerrado. Seco. Para Toni, que no tenía una gran amistad con él, seguramente nadie la tenia, él era , en ese momento, un tipo clave. En cierta manera de él dependía que Toni pudiera conseguir una reubicación en la empresa que le representaría un aumento de sueldo, mejores condiciones de trabajo y una consolidación en la estructura del negocio mas que deseable.
El tren se puso en marcha y el Zaragozano se quedó inmediatamente dormido en su asiento. fue como si el primer traqueteo del tren le hubiese hipnotizado en un segundo.
Toni le observó detenidamente. Cara redonda, grande, con una papada importante. Grasa en la piel. Cejas pobladas y de pelo muy oscuro. Con una calvicie incipiente mal disimulada con el clásico peinado de lado a lado. No era un hombre atractivo. Ni de coña. A Toni le gustaba poner motes a todo aquel que se cruzaba en su vida. El Zaragozano podría ser, la hiena. Si, definitivamente ese hombre sería para él y sus amigos de ahora en adelante la hiena.
Toni se levantó de su asiento y atravesó tres vagones repletos de hombres y mujeres con corbata y trajes chaqueta sentados frente a sus ordenadores trabajando y llegó al coche cafetería. Había gente y le toco esperar unos minutos hasta que pudo hacerse con su café con leche y un donut de chocolate. Donut que tenía aspecto de donut pero era de plástico y no sabía a lo que cabría esperar cuando uno pega un mordisco a un verdadero donut.
Mientras se comía su falso donut de pié mirando por la ventana alargada de la cafetería veía pasar a toda velocidad campos de viñedos con sus filas perfectas marcando el paisaje.
Pensó entonces en los viajes que había hecho de joven de Barcelona a Madrid. Había sido voluntario de una Ong que se dedicaba a enviar estudiantes españoles a estudiar un año en el extranjero. Tenía que ir y venir por lo menos una vez al mes para tener una reunión general en la capital. Él era el jefecito de la pequeña oficina en Barcelona.
Viajaba siempre en el tren litera que hacia el trayecto de noche. Salía como hacia las 22h y llegaba a Madrid sobre las 8h de la mañana. Tomaba toda la noche atravesar media península en aquellos trenes largos, pesados y ruidosos. En los vagones había compartimentos de seis camas tipo litera, tres y tres una encima de la otra a cada lado. Y el bar cafetería tenía unas mesas de fórmica, como dos a tres y uno se podía quedar en el bar hasta muy tarde pues seguían sirviendo bebidas hasta bien entrada la noche.
Se acabó el donut y apuró su café con leche. Sonrió y se dirigió de vuelta a su asiento. Al llegar, la hiena ya se había despertado y estaba leyendo algún informe, papeles del trabajo.
Entonces Toni inició su actuación.
Sabía que la hiena era de esa clase de hombres que prefieren hablar de cosas banales, divertidas y sin peso. De mujeres, de fútbol, de viajes y cosas así. Y hacerlo siempre des de la camaradería sosa y segura que proporciona la ausencia total de espíritu crítico o opinión personal sobre las cosas, las personas o los acontecimientos.
Calculaba Toni, y calculaba bien, que la hiena era simplón, un hombre sin mucho peso que aspiraba a vivir lo mejor posible, meterse en pocos líos y sentir que en cierta forma había triunfado y su vida era importante y admirada por los demás.
El plan. Adular sin pasarse, mostrarse ligero y no meterle en ningún lío o rincón demasiado profundo.
Toni hacía algo des de muy joven que le había proporcionado grandes beneficios. Cambiaba su forma de hablar según quién tenia delante. Era un reflejo innato de supervivencia. Una forma de acercarse al otro para hacerlo sentir bien. Una transformación camaleónica para que su partener se viera a si mismo delante de él mismo y se sintiera confiado. Cambiaba su voz, su timbre, la musicalidad y el acento. Todo lo mimetizaba. Era sutil pero suficiente y le había permitido sobrevivir y buscarse la vida des de siempre.
Daba igual que su voz, la voz de Toni, o sea Toni mismo, se diluyera de alguna forma en ese juego de espejos.
La hiena se cansó de leer esos papeles y los guardo en su maleta. El tren avanzaba entonces a su máxima velocidad y se encontraron cara a cara por primera vez desde el inicio del viaje. Toni no desaprovecho su ocasión.
-Te gusta viajar en tren? preguntó.
-Si, no está nada mal.
-Hombre, estos AVES son cojonudos!-dijo Toni mientras se recostaba cómodamente en su asiento-Joder, asientos cómodos, no se mueve nada, en tres horas y media de centro ciudad a centro ciudad…ya te digo, el avión lo tiene jodido.
-Si, es verdad, no está nada mal-respondió la hiena.
-A mi viajar en tren me encanta, sabes porque?, porque en un tren puede suceder cualquier cosa.
Al decir esto el sexto sentido de Toni se activó con el objetivo de detectar si la hiena había picado el anzuelo o necesitaba algo mas. Necesitaba algo mas. Obviamente no era un tipo muy avispado. Se requería un grado menor de sutilidad.
-Quiero decir, que en el tren, muchas horas, miradas, encuentros fortuitos..casualidades..
La hiena esbozó entonces una pequeña sonrisa cómplice. Toni prosiguió.
-Bueno pues, joder…, a mi una vez…buah..
Toni se incorporo un poco hacia él, le miró y resopló. Entonces en una forma, y con una fuerza que era imposible rechazar, le indicó con su mano izquierda a la hiena que se sentara en el asiento libre contiguo al suyo.
La hiena, sorprendido, pero curioso y ya atrapado en la red, se levantó, y se sentó junto a Toni dispuesto a escuchar la historia.
Toni, de forma muy teatral, casi un punto exagerada, miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie podía oírles, de que habían creado un rincón de intimidad adecuado para contar algo especial. La idea era crear en la hiena la sensación de que aquello era un regalo personal, de que Toni no le contaría a cualquiera una cosa así.
Toni arrancó.
-Tenia diez y ocho años. Estaba en plena plena forma. con las hormonas a tope. Trabajaba en una movida de intercambios y tenía que viajar una vez al mes a Madrid para una reunión general del trabajo.
Bueno, pues en uno de esos viajes me pasó algo alucinante.
Sabes de esos sueños que todos hemos tenido alguna vez, de esas cosas que deseas que pasen pero sabes que nunca van a pasar porque son demasiado peliculeras, si?; pues, me pasó.
Subí al tren, un viernes. Si señor, era un viernes, me acuerdo porque había un montón de gente en la estación. Viajaba en un nocturno borriquero que por aquel entonces tardaba nueve horas o algo así en ir de noche de Barcelona a Madrid.
Creo que salíamos a las 11h y llegábamos a Madrid a las 8 de la mañana. Una matada vamos.
Pues bien, subí al tren y me dirigí con mi pequeña maleta de viaje entre la gente a buscar mi compartimento.
Y al llegar, cual fue mi sorpresa? adivina….-Toni suspendió el discurso y miró a su compañero. La hiena ponía cara de no saberlo, pero de no saberlo de verdad. El tío no había intuido ni por asombro de que iba la historia de Toni, menudo lumbreras.
-Claro, ya te lo habías figurado…en mi compartimento éramos yo y cinco tías. Toma ya. Yo solo con cinco mujeres toda la noche en unos de esos compartimentos de seis literas con un mínimo espacio entre las dos filas de tres literas a cada lado. La hostia pensé. …Toma…. ya.
Esto último lo dijo a menor velocidad, como frenando. Toma….ya…. .Luego miró de reojo a su compañero, ahora si, ahora le empezaba a escuchar con interés y un punto incipiente de admiración. La cosa iba bien. Prosiguió.
-Claro, diez y ocho años, 11h de la noche; directo al bar. No sin antes pegar un sutil repaso a todas aquellas criaturas y fijar mis ojos en una de ellas, pelo largo, cuerpo bonito, y ojos enormes, oscuros. Ella también se fijó en mi, breve pero suficiente. Sabes no? la mirada que ya define las coordenadas. Hola que tal, de donde sois, y tu? algunas risas y, lo mas importante, el reparto de las literas. Yo, caballero, las dejo escoger y me toca dormir en la litera de arriba de todo a la derecha.
Joder, me acuerdo como si fuera ahora mismo, en esas literas casi no había espacio para nada, igual había un metro entre una y otra. Y en la de arriba si te descuidabas te dabas un golpe con el techo en menos que canta un gallo. Eran incómodas de cojones y la cercanía entre los seis viajeros era demasiado.
Bueno, me voy al bar, me pido mi cerveza de rigor y espero confiado a que las chicas aparezcan.
Y, efectivamente, al cabo de unos pocos minutos, en los que el bar ya se había llenado de toda la fauna extraña que siempre viaja en los trenes de largo recorrido, llegaron tres de las cinco chicas. Entre ellas, la “mía”, claro.
Yo ahí tranquilo. Quieto caballo, soooooo. Riendas bien tensas, cara de póquer, y sonrisa amplia.
Del tipo, aquí estoy, abierto, divertido y relajado. Tipo, yo no necesito nada, sabes? aguantando el tipo, pero de verdad, no lo típico de que estoy haciendo ver que soy un tipo duro pero por dentro estoy hecho un flan y busco el amor y todo ese rollo. no no- al decir esto Toni le clavó la mirada a los ojos directa y profunda-No no, yo voy a lo que voy, así me iba bien y me va bien, como a ti no? directo y claro, sin embajes. Yo estaba abierto, divertido y relajado de verdad.
Ellas se sentaron en la mesa junto a la mía. Yo compartía la mesa con otra pareja y una mujer mayor. Mi atención se centró entonces en intentar oír la conversación que las tres estaban teniendo.
Eran estudiantes de medicina que iban juntas a la facultad y iban de viaje a pasar un curso o algo así. No hablaban muy alto y reían a menudo con lo que no podía seguir del todo el hilo argumental.
Fumé un par de cigarrillos y terminé mi cerveza. Durante ese rato “mi” chica y yo nos intercambiamos un par de miradas furtivas. Miraba bien sabes?, miraba dura, retadora. Entonces; entonces di el primer paso. Me levanté, y cuando me dirigía hacia la barra del bar me detuve como quien no quiere la cosa y les lancé:
-Quereis beber alguna otra cosa?
Las tres alzaron su mirada hacia mi algo sorprendidas. Aguante con una sonrisa y “mi” chica contestó:
-yo sí, yo tomaría otra cerveza gracias.
-Venga-Se apuntó la que estaba sentada a su lado.
La tercera dijo que no que ella ya había bebido suficiente y que de echo si iba ya a dormir.
Al volver con las tres cervezas tomé el sitio de la chica que se acababa de marchar.
No recuerdo muy bien la conversación, la verdad, solo recuerdo que la amiga no paraba de hablar, que bebimos un par de cervezas mas y que yo no podía quitar mis ojos de encima de “mi” chica.
Ella seguía la conversación de su amiga y de vez en cuando me miraba también. Era obvio que los dos estábamos deseando quedarnos a solas pero era obvio también que no seria fácil deshacerse de la amiga fácilmente.
Y no fue fácil no. De hecho la amiga seguía tan embalada y pesada, y con tantas ganas de beber y seguir la fiesta en la cafetería del tren que en un momento determinado y ante la indefinición de la situación y la imposibilidad para “mi” chica de cambiar el rumbo de los acontecimientos fui yo quien tomó una decisión. Me levanté y les dije que yo me iba a dormir. Lo hice, claro está, dejando claro con mi mirada a “mi” chica, que me sabía mal y que ese no era el final que hubiese deseado.
Pero estaba claro que ella no dejaría sola a su amiga en medio de la cafetería para irse conmigo y que la amiga tenia cuerda para rato.
Así que me levanté, me despedí de ellas y me dirigí hacia nuestro vagón. Entré en el compartimiento de literas y sin hacer ruido me subí a mi cama, me desvestí incómodo y a oscuras y me metí bajo las sábanas para dormir.
Toni descansó unos instantes. Miró a la hiena y noto su vivo interés por el necesario final de la historia.
-Me costó dormir. como te dije antes estas literas eran estrechas, cortas y con el techo a dos palmos de tu frente. Y Los trenes, antiguos y ruidosos, se movían mucho. Pero al fin me dormí.
Pero, ah, amigo, entonces sucedió lo que solo puede suceder en un tren atravesando España en medio de la madrugada en un compartimento de un largo recorrido.
En ese espacio, compartido con otras seis personas, todas durmiendo, unas muy cerca de las otras, “mi” chica me despertó y empezó a besarme.
De hecho lo primero que noté fue su cuerpo rozando con mi cuerpo al entrar bajo las sabanas de mi litera. Luego su mano tapando mi boca para indicarme suavemente que debíamos permanecer en el mas absoluto silencio pues obviamente ella no quería que ninguna de sus amigas se despertara.
Y entonces amigo hicimos el amor en silencio, casi sin movernos, en medio de la noche amparados por el traqueteo del tren que avanzaba implacable. Dos veces, casi sin mediar palabra, cuerpo contra cuerpo en contacto íntimo y permanente en aquella minúscula cama de tren.
Y no te lo vas a creer pero a la mañana siguiente cuando el tren estaba haciendo su entrada en Madrid me desperté y estaba solo en mi cama. Solo en todo el compartimento. Se habían bajado seguramente en Guadalajara una hora antes del fin de trayecto.
Nunca supe su nombre.
Así fue la cosa. Como te quedas?
Toni finalizó aquí la explicación de la anécdota. Su acercamiento y seducción de la hiena siguió a lo largo del viaje hasta que llegaron a Madrid. Y a fe que obtuvo buenos resultados.
Pero la verdad es que aquello no sucedió exactamente como él lo acaba de contar.
El compartimento, ya entrada la noche, estaba a oscuras y solo se iluminaba fugazmente cuando algún reflejo de luz del exterior se colaba por entre la persiana gris de plástico que mal cerraba la ventana.
En esos instantes Toni, que no podía dormir, podía intuir fugazmente las sombras y cuerpos de las cinco chicas que descansaban.
Pero Toni, que intuía que la chica ubicada justo en la cama debajo de la suya quizás también estaba despierta, llevaba un buen rato debatiendo-se , con la cara pegada a su cojín, entre la idea de decirle algo o la de dejar de imaginar cosas, cerrar los ojos y dormir.
Sin embargo, permaneció escuchando, despierto, tenso y esperanzado durante mas de una hora.
Por momentos le pareció oír que la chica se giraba sobre si misma y cambiaba de posición. Dato que le daba a entender que no dormía y quizás quería alguna cosa con él. A eso Toni respondía cambiando él también de posición para mandarle a su vez una señal. Operación que repitió varias veces.
En otro instante hasta osó abrir su pequeña luz de lectura y esperar a ver si ella también lo hacia. Para luego apagar-la en franca retirada.
Mas tarde miró por la rendija minúscula que había entre la cama y la pared hacia abajo con la esperanza de verla y cruzar su mirada con ella. Todo inútil.
Y cuando había ya tirado la toalla y pensaba que la chica se había dormido y todo aquello había sido una paranoia suya, una nebulosa imposible, la chica se encaramó a la escalerilla, subió a la cama de Toni y se metió bajo las sábanas con su pijama puesto.
Se besaron y tocaron. Pero no hicieron el amor. El único intento que Toni hizo para llevar la situación hacia el coito fue dulcemente abortado por la chica. Y luego se durmieron sin apenas haber hablado entre si.
Y a la mañana siguiente cuando el tren estaba haciendo su entrada en Madrid Toni se despertó y estaba solo en su cama. Solo en todo el compartimento. Las chicas se habían bajado seguramente en Guadalajara una hora antes del fin de trayecto.
Nunca supo su nombre.
Esto fue lo que sucedió.
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