-¿Has venido sola?
-Sí.
-Buena chica… Veo que te has adelgazado.
-No puedo decir lo mismo de ti…
Rita echó un vistazo a su alrededor. Aquel lugar no había cambiado mucho desde la última vez. Tenía la sensación que había estado allí hace tan solo cinco minutos cuando en realidad habían pasado ya muchos días. Latas de cerveza amontonadas, ceniceros repletos de colillas, revistas y cds tirados sobre la moqueta, y ese olor rancio a alcohol y tabaco que ella odiaba tanto y que ahora estaba a punto de provocarle una arcada. También vio aquel tío atado a una silla que balbuceaba con la mirada perdida...
-Me alegro que hayas venido tan rápido…
-Hubiera venido aunque no me hubieses llamado. Empezaba a pensar que te habías colado por algún agujero...
-Sigues creyéndote muy lista ¿eh?.... ¿Una copa?
-Sabes que no bebo.
-Sé que no bebes cuando no bebes pero ese no es mi problema… Anda pórtate bien y siéntate ahí…
Aquel lugar hubiera sido un sitio cojonudo con un poco de buen gusto e higiene, pensó. Pero la realidad lo convertía en algo muy distinto. Aquel tío vivía en el más absoluto caos sin que pareciese que le importara lo más mínimo. Pero siempre había sido así y no tenía sentido pensar en lo contrario...
-Quién es ese… -Dijo señalando con la mirada mientras se sentaba en uno de los dos Chesters blancos de cinco plazas que ocupaban el centro de la sala.
-Un pobre imbécil. Iba demasiado rápido para tener tan poca mollera en la cabeza. Míralo qué pinta. Su problema es que le daba demasiado al pico, ya sabes... Pero no es nada. Solo le estoy haciendo un favor a un amigo...
-Se le cae la baba.
-Bueno, digamos que le hemos concedido temporalmente una vida más placentera, llena de paz y armonía. Se le ve feliz...
-Qué le habéis dado...
-Lo suficiente para que aguante callado dos días. Pasado mañana se despertará en una playa a veinte kilómetros de aquí y no se acordará de nada… Espero que no se caiga de la silla…
-¿Y los tuyos?
-Por ahí. Les he dado fiesta hasta mañana, ¿que te parece?
-Que ahora te has vuelto un buen patrón…
Rita miró por detrás del sofá donde él está sentado. Vio cuatro platos con restos de comida amontonados y un cartón de leche abierto sobre una mesa de cristal, también había alguna lata de conserva y un par de cajas de cereales...
¿Y tu mujer?
-Pasando unos días en casa de su madre.
-Y quién os dará de comer a ti y a ese...
-No te pases conmigo, no tienes motivos. Solo intento ayudarte… Venga va dime, cómo te ha ido...
-Sabes perfectamente cómo me ha ido... Esos mierdas que van contigo no paran de seguirme… Quiero acabar esto de una puta vez, Gordo.
-Rita, Rita… ¿quieres calmarte?, qué pasa, ¿ya no confías en mi? ¿alguna vez te he dejado tirada?. No quiero que te comportes como una puta histérica…
-Acabemos Gordo… me cuesta seguir con esta mierda…
-No me jodas que te has colgado de ese tío...
-No
-Mírame a los ojos, te has colgado de ese tío.
-No, ¿piensas que soy una cría?
-No pienso que eres una cría pero ¡coño! a veces te comportas como…
Ahora él se levanta del sofá y coge una botella de whisky en la mano. Duda un segundo donde buscar un vaso. Al final decide coger uno ya usado que hay sobre la mesa. Se sirve dos dedos. No le pone hielo.
-Estoy harta de esta mierda Gordo. Harta.
-Calma...
-Me habías dicho que esto duraría mucho menos, dos o tres días y terminado. Pero llevo tres semanas y empiezo a estar cansada.
-Ya está. En un par de días todo se acaba. Hoy he recibido instrucciones, parece que ya lo tienen trincado. Tu solo tienes que seguir haciendo tu trabajo, como hasta ahora. Mantenlo bien entretenido, hazlo disfrutar. Sobretodo no te separes de él en ningún momento y asegúrate que el estuche con el pen-drive viaja siempre con él.
-Lo lleva atado a una muñeca.
-Peor para él... Lo harán mañana por la noche...
-Quienes...
-Eso es mejor que no lo sepas. Que te lleve a cenar, y luego a tomar alguna copa. Échale un buen polvo cuando lleguéis al hotel y asegúrate que se duerme bien relajado. Sobre todo no se te ocurra quedarte dormida. Has de salir de la habitación antes de las tres, salir del hotel, coger un taxi y largarte.
-Por dónde…
-¡Pues por dónde va a ser!, por la puerta principal…
-Joder que chapuza Gordo. Ese no era el trato. Además...¿Como quieres que salga por la puerta principal?, ¿piensas que soy una pirada? Me has prometido que yo no correría ningún peligro y me estás pidiendo que salga por la puerta principal del hotel. ¿Y qué más quieres? que me acerque al de recepción y le diga… “Señor recepcionista, no se preocupe de nada si encuentran a un tio degollado mañana por la mañana en la cuarta planta. Solo tendrán que limpiar un rato. Lamento las molestias, tome cincuenta euros...por cierto, usted a mi no me ha visto nunca”, ¿eso es lo que quieres? no estoy tan zumbada para eso…
-Vale.. calma. ¿Cuántos días lleva en ese hotel?.
-Dímelo tú cabronazo…
-Lleva solo dos días. ¿Cuántas veces has entrado tú con él?. Solo ayer por la noche y era tan tarde que seguro que nadie ha reparado en ti. Cuando se registró estaba solo. Se pensarán que eres una chica de compañía. Será imposible dar contigo, te lo aseguro.
-Las cámaras.
-No hay problema, el circuito de cámaras dejará de registrar a las nueve de la noche. Todo funcionará sin problema, simplemente que los discos no registrarán las imágenes. Nadie se dará cuenta hasta el día siguiente…
Rita le miró fijamente. Ahora su cara estaba tensa y su mirada desafiante.
-La pasta.
-¿Qué?
-La pasta, mi pasta, ¿donde está la pasta?, quiero mi pasta ahora porque después de esto no pienso volver a pisar este puto agujero. Me iré lejos y no me vas a ver nunca más el pelo.
-Primero acaba el trabajo y luego te daré la pasta…
-Una mierda, me darás la pasta ahora Gordo porque si no te buscas a otra que lo acabe.
-No puedes venir con esa mierda ahora Rita, estoy tan metido en esto como tú.
-¿Cómo?, que ¿qué?.
-La pasta cuando acabes el trabajo. Ese era el trato. Además, todavía no tengo el dinero...
-A la mierda. Me voy… -Rita se levantó y caminó decidida hacia la puerta.
-Espera joder. Estás como un cencerro y me vas a arruinar la vida. Te daré lo que tengo. Mira, ¿ves esa bolsa negra que hay en esa silla?. Tiene que haber más de diez mil. Llévatelo pero por el amor de dios acaba este puto trabajo o estoy jodido.
Rita cogió la bolsa. Dentro había unos cuantos fajos de billetes de cien. Quizás Gordo no le mentía. Eso era casi la mitad de lo que le había prometido. Pensó que más ya no le podría sacar y necesitaba salir de aquel sitio cuanto antes. Ese lugar apestaba y conocía a aquel hombre lo suficiente como para saber que desde ese mismo instante cada segundo que permaneciera allí corría en su contra.
-Me vale. Acabaré el trabajo, pero no quiero volver a ver más a ninguno de tus hombres porque si no juro que vendré y te volaré la cabeza...
Hubo un silencio de tres segundos. Gordo levantó las manos aprobando su amenaza. Rita cogió la puerta y la abrió. Pero justo antes de salir se giró.
-¿Tu sabes que hay en ese pen-drive? - Gordo negó con la cabeza.
Gordo no sabía que había en ese pen-drive. Él solo era una soldado, cumplía órdenes e intentaba no hacer demasiadas preguntas. Se conocían desde hacía mucho, por eso le había confiado ese trabajo. Rita siempre era impecable en todo lo que hacía. Un poco rara a su gusto, apartada de todos y de todo aquel mundo. Pero siempre que la había necesitado para cualquier pequeño trabajo ella le había respondido, eso sí, siempre a cambio de una buena suma de dinero. Esta vez la cosa era un poco diferente. No se trataba de un pequeño asunto, había gente muy importante detrás de aquello y parece que jugaban fuerte. Él lo sabía desde el primer día y aún así la había engañado, pero ella era demasiado lista y toda aquella historia le empezaba a oler a podrido.
Por su parte, Rita ya había intuido el contenido del pen-drive, aunque aquel hombre no se lo hubiera dicho. Sabía que el tipo al que seducía hace un par de semanas y con el que salía cada día a tomar una copa y charlar un rato era un buen tío. Una persona afable y educada que llevaba demasiado tiempo sola, huyendo, y que tan solo necesitaba un poco de compañía y conversación. Quizás también un poco de humanidad. Aquel hombre le había explicado que había trabajado durante mucho tiempo para un gran banco. Seguro que había llegado a tener un puesto importante. Pero un día se hartó de ver alguna cosa que ocurría y decidió cambiar de bando. Esa decisión le había traído y le traería muchos problemas. Había mucha gente interesada en que aquello fracasase, lo sabía perfectamente. Lo que había en el pen-drive se lo entregaría a alguien. Esta persona llegaba en pocos días y él la estaba esperando. Era alguien, según le confesó, de su total confianza que lo sacaría de aquella ciudad y para cuando todo saliese a la luz él ya estaría a salvo muy lejos.
Eso era todo lo que Rita sabía, y no dejaba de sentir admiración por él. Era como una especie de héroe villano intentado salvar el mundo en solitario, sabiendo perfectamente que se juega la vida en cada momento pero no por ello desfallece.
Con lo cual la historia estaba de esta manera. Hasta ahora lo que Gordo había hecho con ella no era más que un engaño, y esto a ella no le molestaba demasiado. Siempre supo que tarde o temprano ocurriría. Además si no lo hubiese hecho no hubiera aceptado el encargo. Se lo tomaba simplemente como un gaje del oficio. Pero Rita era muy intuitiva y sabía que allí había algo más, algo mucho más terrible y malvado que un engaño. Una traición. Y eso era una de las pocas cosas por las que mataría sin pensarlo. El engaño es una treta, un embuste del juego en el que cabe a veces incluso el perdón. El engaño puede perdurar en el tiempo pero la traición es instantánea, solo dura un segundo, el tiempo justo de cometerla. Luego, no hay posibilidad de enmendarla ni de obtener clemencia. La traición pertenece al último círculo, es el mayor de los pecados que se pueda cometer, y exige la mayor de las condenas… “ser devorado por el mismísimo demonio”.
Sabía demasiadas cosas y había mostrado parte de sus cartas. En toda aquella historia de intereses y gente importante seguro que no significaba nada, es más, se convertiría rápidamente en un estorbo al que hacer desaparecer. Estaba obligada a traicionar, y sería traicionada.
También aquel hombre era un traidor, aunque para ella solo fuese un héroe. El único héroe de aquella tragedia que no merecía ser sacrificado.
Rita tomó una decisión. Salió a la calle y miró al cielo. Una masa de nubes de color plomo lo cubría todo. Sin duda empezaría a llover enseguida. Caminó de prisa y cogió el coche. Antes de encenderlo se paró a pensar, lo que ocurriría las próximas veinticuatro horas debía estar perfectamente ordenado en su cabeza.
Lo primero que hizo fue llamar a Hung...
-Rita! eres tú… que ha pasado.
-Nada, no te preocupes. ¿donde estás?
-A punto de salir del hotel.
-Perfecto, ahora escucha bien lo que te digo Hung.
-¿Pasa algo?
-Luego te lo explicaré todo pero ahora has de hacer lo que te digo.
-De acuerdo Rita.
-Ponte ropa de abrigo, lloverá en breve. Sal del hotel y entra en la agencia que hay justo al otro lado de la calle. Compra un billete de avión para el primer vuelo a París que salga mañana. Luego vuelve al hotel y deja el billete sobre la cama. Ponte a caminar por la avenida en dirección norte, yo iré a tu encuentro. No preguntes dónde ni cuando, simplemente camina y confía en mi, nos encontraremos en algún momento...
No hay comentarios:
Publicar un comentario