miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cuento corto 2 (Tomás)

LA HABITACIÓN.

Su asistente personal cerró la puerta y echo a todo el mundo de ahí. Quedaron en la habitación el presidente y él a solas. Un cuarto en el que muchas veces habían celebrado triunfos juntos. No era el caso esa noche.
El presidente estaba sentado en uno de los sofás verdes e impersonales que presidian el lugar. Abatido. Con un papel entre los dedos.
Por lo demás allí casi no había nada. Sobre el suelo de moqueta azul una máquina de agua y una mesa con café, diversos tipos de te, refrescos y cerveza fresca. Un televisor de vigilancia interior y un par de sillas negras. Un espejo de cuerpo entero cerca de la puerta.
Era la sala de descompresión que precedía a la sala de prensa de la presidencia del país. Así la llamaban, sala de descompresión.
El asistente se sentó entonces con las piernas cruzadas en el suelo delante del presidente.  Tomó el papel que este tenía entre las manos y lo leyó en voz  baja de arriba abajo.
Durante su lectura el presidente levantó la mirada y escuchó con atención. Su rostro reflejaba una mezcla de tristeza y rabia contenida.
En el televisor de vigilancia se veía a un grupo de gente ajetreada moviéndose de un lado al otro con evidente preocupación.
Al acabar su lectura el asistente levantó el rostro del papel y cruzó su mirada con la del presidente. Un hombre al que creía conocer bien.
Llamarón a la puerta.
El asistente se acercó y la entre abrió. Detrás de la puerta su secretaria le comunicó que la rueda de prensa empezaría en cinco minutos. 
Con sus dedos le indicó que la sala estaba a reventar de periodistas y televisiones.
Con sus ojos preguntó sutilmente a su jefe  por el estado de ánimo del presidente y este contestó con una expresión que quería mostrar entereza. Confianza.
Cerró la puerta mientras le decía que estaban listos y que no dejara bajo ningún concepto que nadie entrara allí hasta que empezara el acto.
Al girarse se encontró con el presidente de pié tomando una cerveza directamente de la botella. Un trago largo. En silencio. Silencio que él respetó.

Entonces el asistente dijo:

-Es la única opción.

El presidente se sentó y concentró su mirada en ese pequeño discurso que habían preparado juntos y que se suponía que en breves instantes tenía que leer ante todos esos periodistas en la sala.

Entonces el presidente dijo:

-Tienes razón. Es la única opción. Pero me pregunto la única opción para que?

El asistente reconocía a la perfección los momentos en los que su presidente recordaba vagamente al hombre que llegó al poder hacía ya casi ocho años. Instantes cada vez mas escasos en los que aún se preguntaba a si mismo alguna cosa. Había aprendido a no alimentarlos. Sabía que acostumbraban a ser tan solo pálidos reflejos sin importancia ninguna. El presidente siempre había terminado por hacer aquello que debía hacer.

Entonces el asistente dijo:

-Esta declaración parará el golpe. Nos dará tiempo. Pondrá el foco en las victimas y eso es lo que necesitamos.

Llamaron de nuevo a la puerta. Ambos sabían que había llegado el momento de salir ante los leones y los flashes.
El presidente se acercó hacía él. Tomo su cara entre sus manos y le dijo:

-Eres un buen hombre. Haces bien tu trabajo. Gracias.

Ajustó su corbata ante el espejo junto a la puerta. Respiró hondo y abrió la puerta que conducía a la sala de prensa. El asistente salió tras él y cerro la puerta. La habitación quedó vacía.










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