Carta
a Nadia
No
tengo claro cómo hacerlo. Hace siglos que no escribo una carta de amor, y la
verdad, dudo que lo haya hecho alguna vez. Pero algo me dice que ha llegado el
momento. No debe de ser tan difícil, recuerdo las que me escribía Irene cuando
teníamos 15 años, se pasaron décadas moviéndose de un armario a otro. Le encantaba
escribir. Ahora es periodista en Londres. Hace poco lo tiré todo, higiene
mental.
No
tengo su teléfono, no puedo mandarle un what’s up, tampoco su correo electrónico.
Pero sé donde trabaja. Me dijo que tenía un piso, pero que la mayoría de las
veces se queda a dormir en el curro porque es más práctico. Creo que lo más
efectivo será mandar la carta al curro.
No
sé si ir a correos, o llevarla yo personalmente. Aunque, pensándolo bien,
primero habrá que escribirla. ¿No?. De mi puño y letra, nada de ordenadores. Tengo
que concentrarme y decirle muy claro lo que siento, cómo y cuando hay que
hacerlo. Lo hemos hablado muchas veces, muchas veces sólo hablamos. La carta es
un ultimátum. El corrector de google me va a ayudar. Puedo poner algunas frases
en rumano, cosas bonitas. Como dragoste,
que es amor. Siempre me acuerdo de esta palabra por el hit veraniego, el impacto
rumano más fuerte en el mundo después de la ejecución de los Ceaucescu, y de, por
supuesto, Nadia Comaneci. Ah! Nadia. Así le pusieron sus padres, cómo la gran
gimnasta que deslumbró en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, se fugó a EEUU
y se operó las tetas. Si miras fotos ahora parece una MILF de una peli porno
americana. Un símbolo.
No
quiero asustarla, me dijo que se vendría conmigo. Să ne împreună, vente conmigo. Tenemos el camión y tenemos dinero,
al menos para dos años. Una larga luna de miel. Necesita descansar, ya lleva un
año trabajando allí. Es duro. Sobretodo los fines de semana, doce servicios por
noche. Yo intento ocupar el máximo tiempo posible con ella, muchas veces solo hablamos,
pero no puedo evitar que alguien la invite a subir. Lo veo desde la barra
bebiendo red bull para poder aguantar toda la noche y vigilar que no le pase
nada. Ella me mira escondida entre sus compañeras para no llamar la atención.
Las miradas en los puticlubs se utilizan como las palabras porque no se puede
hablar, la música está demasiado fuerte. Creo que la práctica del acercamiento
de oreja es un estimulante más, cómo el cubata, el mdma o la bachata hard. Hay
que tener cuidado a quién se mira, cómo se mira y dónde se mira. Es como una
charca llena de caimanes acechando, pero yo sé como hacerlo.
Es
lo que hablamos. Tenemos un plan.
Desde
aquí hacia el norte sin parar dos días. Será rápido. No tendrán tiempo de
reacción. Que nos busquen. Si es que alguien nos quiere encontrar. Habrá que
tirar los móviles, por lo menos el suyo. La geo localización es una mierda.
Nadie sabe quién soy. Tampoco es tan difícil, sólo hay que hacerlo. A ella le
gusta el frío. En Umëa puedes ver auroras boreales. Yo no sabía ni que existía,
pero Suecia suena bien.
La
caja del camión ha quedado de lujo, un puto loft. Forrada de madera, una mesa
atornillada, cocina full equip, sofá para apalancarse con su tele y todo, cama
de matrimonio y lavabo. He puesto una jarapa de las Alpujarras que queda muy
acogedora. Lo he hecho en tres meses, una de las pocas cosas que heredé de mi
padre es la sabiduría del bricolaje, pongo los sándwiches del Leroy Merlin a
pares. Los trabajos manuales te ayudan a seguir adelante. Y la mecánica te
ayuda a ir más rápido. Lo he dejado como la oficina móvil del coche fantástico,
y yo soy Michael Night, pero más bajito. Aunque en realidad el personaje más
potente del coche fantástico era el pavo que iba en el camión. ¿Cómo se
llamaba? Devon. Ese si que tenía magnetismo, nunca fallaba, y no era un
pichabrava como Michael Night. Primero tendré que hacer de Michael Knight, por lo
de salir corriendo de allí en plan héroe y todo ese rollo. Pero después seré
Devon, tranquilo en mi camión.
Nadie
me conoce, nunca he hablado con nadie. Espero que ella haya mantenido su palabra
y no se lo haya soltado a alguna de sus compañeras. Y alguna de sus compañeras
a un taxista. Los taxistas nocturnos son como porteras sobre ruedas, la peor
compañía que puedes encontrar.
Últimamente
me cuesta más dormir. Muchos días me despierto y aun es de noche, las cuatro. Salgo
a la cancha a echarme unas canastas para ir encajando todas las piezas una y
otra vez, y lo veo todo claro.
Cada
vez que entra la pelota en el aro repaso un detalle mentalmente, el sonido de
la cadenita que hace de red es cristalino.
Solo
estamos despiertos los basureros, los de parques y jardines y yo. La ciudad es
nuestra. Cuando todos se despiertan yo ya he ido y vuelto.
Mañana
mando la carta. ¿O la dejo personalmente en el buzón? Pero que credibilidad merece
un buzón de un puticlub, quién me garantiza a mi que la carta le va a llegar. ¿También
puedo dársela esta noche?. Hacerlo hoy. Pondré algunas frases en rumano, cosas
bonitas.
Lo
tengo decidido. Te iubesc
es te quiero.
Voy
a empezar a escribir.
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