domingo, 21 de septiembre de 2014

Carta (Ivó)

Carta a Nadia

No tengo claro cómo hacerlo. Hace siglos que no escribo una carta de amor, y la verdad, dudo que lo haya hecho alguna vez. Pero algo me dice que ha llegado el momento. No debe de ser tan difícil, recuerdo las que me escribía Irene cuando teníamos 15 años, se pasaron décadas moviéndose de un armario a otro. Le encantaba escribir. Ahora es periodista en Londres. Hace poco lo tiré todo, higiene mental.

No tengo su teléfono, no puedo mandarle un what’s up, tampoco su correo electrónico. Pero sé donde trabaja. Me dijo que tenía un piso, pero que la mayoría de las veces se queda a dormir en el curro porque es más práctico. Creo que lo más efectivo será mandar la carta al curro.
No sé si ir a correos, o llevarla yo personalmente. Aunque, pensándolo bien, primero habrá que escribirla. ¿No?. De mi puño y letra, nada de ordenadores. Tengo que concentrarme y decirle muy claro lo que siento, cómo y cuando hay que hacerlo. Lo hemos hablado muchas veces, muchas veces sólo hablamos. La carta es un ultimátum. El corrector de google me va a ayudar. Puedo poner algunas frases en rumano, cosas bonitas. Como dragoste, que es amor. Siempre me acuerdo de esta palabra por el hit veraniego, el impacto rumano más fuerte en el mundo después de la ejecución de los Ceaucescu, y de, por supuesto, Nadia Comaneci. Ah! Nadia. Así le pusieron sus padres, cómo la gran gimnasta que deslumbró en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, se fugó a EEUU y se operó las tetas. Si miras fotos ahora parece una MILF de una peli porno americana. Un símbolo.

No quiero asustarla, me dijo que se vendría conmigo. Să ne împreună, vente conmigo. Tenemos el camión y tenemos dinero, al menos para dos años. Una larga luna de miel. Necesita descansar, ya lleva un año trabajando allí. Es duro. Sobretodo los fines de semana, doce servicios por noche. Yo intento ocupar el máximo tiempo posible con ella, muchas veces solo hablamos, pero no puedo evitar que alguien la invite a subir. Lo veo desde la barra bebiendo red bull para poder aguantar toda la noche y vigilar que no le pase nada. Ella me mira escondida entre sus compañeras para no llamar la atención. Las miradas en los puticlubs se utilizan como las palabras porque no se puede hablar, la música está demasiado fuerte. Creo que la práctica del acercamiento de oreja es un estimulante más, cómo el cubata, el mdma o la bachata hard. Hay que tener cuidado a quién se mira, cómo se mira y dónde se mira. Es como una charca llena de caimanes acechando, pero yo sé como hacerlo.
  
Es lo que hablamos. Tenemos un plan.
Desde aquí hacia el norte sin parar dos días. Será rápido. No tendrán tiempo de reacción. Que nos busquen. Si es que alguien nos quiere encontrar. Habrá que tirar los móviles, por lo menos el suyo. La geo localización es una mierda. Nadie sabe quién soy. Tampoco es tan difícil, sólo hay que hacerlo. A ella le gusta el frío. En Umëa puedes ver auroras boreales. Yo no sabía ni que existía, pero Suecia suena bien.

La caja del camión ha quedado de lujo, un puto loft. Forrada de madera, una mesa atornillada, cocina full equip, sofá para apalancarse con su tele y todo, cama de matrimonio y lavabo. He puesto una jarapa de las Alpujarras que queda muy acogedora. Lo he hecho en tres meses, una de las pocas cosas que heredé de mi padre es la sabiduría del bricolaje, pongo los sándwiches del Leroy Merlin a pares. Los trabajos manuales te ayudan a seguir adelante. Y la mecánica te ayuda a ir más rápido. Lo he dejado como la oficina móvil del coche fantástico, y yo soy Michael Night, pero más bajito. Aunque en realidad el personaje más potente del coche fantástico era el pavo que iba en el camión. ¿Cómo se llamaba? Devon. Ese si que tenía magnetismo, nunca fallaba, y no era un pichabrava como Michael Night. Primero tendré que hacer de Michael Knight, por lo de salir corriendo de allí en plan héroe y todo ese rollo. Pero después seré Devon, tranquilo en mi camión.

Nadie me conoce, nunca he hablado con nadie. Espero que ella haya mantenido su palabra y no se lo haya soltado a alguna de sus compañeras. Y alguna de sus compañeras a un taxista. Los taxistas nocturnos son como porteras sobre ruedas, la peor compañía que puedes encontrar.

Últimamente me cuesta más dormir. Muchos días me despierto y aun es de noche, las cuatro. Salgo a la cancha a echarme unas canastas para ir encajando todas las piezas una y otra vez, y lo veo todo claro.
Cada vez que entra la pelota en el aro repaso un detalle mentalmente, el sonido de la cadenita que hace de red es cristalino.
Solo estamos despiertos los basureros, los de parques y jardines y yo. La ciudad es nuestra. Cuando todos se despiertan yo ya he ido y vuelto.

Mañana mando la carta. ¿O la dejo personalmente en el buzón? Pero que credibilidad merece un buzón de un puticlub, quién me garantiza a mi que la carta le va a llegar. ¿También puedo dársela esta noche?. Hacerlo hoy. Pondré algunas frases en rumano, cosas bonitas.

Lo tengo decidido. Te iubesc es te quiero.


Voy a empezar a escribir.

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