Hola Cristina,
Imagino que te estarás preguntando cómo he
conseguido tu dirección, y también a qué viene que te escriba esta carta. Aquel
martes que nos vimos en La Central recordé demasiadas cosas que me llenaron de
esperanza. A la salida, caminando por Mallorca, pensé que en todos estos años
no había tenido la oportunidad de explicarte que significaste para mí.
En un altillo guardo cajas con recuerdos de esa
época: notas de fin de curso, apuntes, cartas, agendas de teléfonos, fotos –viajes,
festivales de teatro, fiestas en la piscina de la casa de los padres de Eduard…,
¿recuerdas?-. Quedo bastante con él, le conté que nos habíamos visto y fue él
el que me animó a escribirte. La foto que te adjunto la encontré en una de las
cajas, que curiosa esa pose nuestra encima de la valla, detrás circula un río -supongo
que la foto está tomada en el Montseny, en una de las típicas excursiones del
colegio-. Me gusta como me pasas un brazo por los hombros y me besas. Creo que
es de la primavera de COU, el año anterior fue cuando empezamos a salir. Es
sorprendente cómo hemos cambiado, como en el poema de Neruda, “nosotros, los de
entonces, ya no somos los mismos”. ¡Cómo nos gustaba leer poemas de Neruda en
voz alta!, “es tan corto el amor, pero tan largo el olvido”. En una de las agendas
encontré el teléfono de tus padres y les llamé. Contestó tu madre, después de
tantos años -me sorprendió que no hubieran cambiado el número-, y al escuchar su
voz colgué. Volví a llamar, y le expliqué que era un amigo de San Francisco que
necesitaba enviarte un paquete y me dio tu dirección.
Aquel martes en La Central, no te reconocí. Estabas
de espaldas hojeando libros, me fijé porque llevabas un abrigo verde que
destacaba entre el conjunto gris. Entonces te giraste, nos miramos, sonreíste…
¡Cristina! Sentí el impulso de abrazarte. Sabía que habías estudiado medicina y
que vivías en San Francisco, me lo había contado tu amiga Ona. Me alegró saber
que hacía dos meses que habías vuelto a Barcelona, y me alegré todavía más al
saber que te habías divorciado. ¡Catorce años sin vernos! Es verdad que hemos
cambiado, pero cuando te miré volví a sentir aquello que creía que no volvería
a sentir. Hemos vivido diversas vidas: tienes dos hijos adolescentes, yo uno de
diez años, y los dos hemos fracasado en el amor. Nuestros sueños, aquellos que
nos contábamos en la cama después de hacer el amor, ¿recuerdas?, se han volatilizado.
Pero no olvides que éramos nosotros los que los creábamos. Sí, nosotros, y
éramos felices.
Ya ves, yo he acabado de profesor en un instituto
rodeado de alumnos a los que la filosofía les interesa tanto como una cinta de
casete. Tú que decías que sería un escritor de éxito. No sé si sabes que cuando
me dejaste, después de cuatro años de relación, y te fuiste a estudiar a Londres,
tuve una depresión. Estuve un año y medio yendo a un psiquiatra y no pude acabar
la carrera hasta tres años después. Eso hizo que no me fuera fácil encontrar
trabajo. Hace dos veranos, me encontré a Ona en un chiringuito de la
Barceloneta y me contó que tenías un buen cargo en un hospital de San
Francisco, que te habías casado con un californiano al que le sobraba el
dinero, pero que tu vida no funcionaba. Me dijo que no eras feliz y que cada
vez que habláis le preguntabas por mí. Saber eso me alegró, entonces mi
matrimonio hacía aguas y yo tampoco era feliz.
Un tiempo después, cuando ya estaba separado,
descubrí que lo que me faltaba era encontrar el amor verdadero, un amor que
solo había sentido contigo. Llegué a pensar que por culpa de tu amor no era
capaz de encontrar otro. El amor es difícil de explicar, pero fácil de entender
cuando se siente. Es un viento que acaricia, qué más da lo que nos cuenten de
él si no nos acaricia. Si tengo que pensar en qué es el amor, pienso en la
forma como me enamoré de ti.
Seguramente soy un iluso al creer que tantos años
después todavía puedo despertar en ti algún sentimiento que nos permita iniciar
una relación…, pero no quiero engañarme, a mi edad, no..., el otro día nos intercambiamos
los teléfonos, pero la verdad es que no estoy interesado en quedar contigo sin
que sepas antes lo que siento por ti, y lo que siento es lo que sentía cuando
estábamos juntos, por supuesto han pasado los años, y si entonces éramos
inocentes y entusiastas, ahora hemos viajado y soportado tempestades, hemos
naufragado, pero creo, Cristina, que debemos volver a intentarlo, debemos
darnos esa oportunidad si tú todavía sientes algo de aquel amor.
Te quiero
Txema
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