domingo, 11 de enero de 2015

Navidad (Tomás)

MERRY CHRISTMAS

Día de navidad en New York.  Gente atribulada para llegar a la comida. Tráfico insoportable. Gente bien vestida dentro de los coches. Nieve sucia en las aceras. Regalos en los maleteros.

Mat, un hombre de cuarentaiseis años conduce. Junta a él, su mujer, Susan, de cincuenta y dos. Detrás sus dos hijos adolescentes.
Llegan pronto como siempre. Cosas de Susan.
Circulan por la cuarta avenida hacia el norte. Se dirigen a la casa de los padres de Mat, ya octogenarios, que siguen organizando una comida despampanante el día 25 a pesar de que sus cuerpos, mentes y deseos querrían otra cosa.
Son ricos. Para ellos el dinero no es un problema. Los problemas son muchos, pero son otros.

Susan los soporta bastante bien. Con los años ha hecho cayo y las piezas de barro se han acoplado hasta confundirse en la nada de la educación cercana a la muerte.

Key viaja en el asiento del copiloto. A su lado Donald, su marido, conduce distraído. De amplia barriga, abogado, gran aficionado al beisbol y a cualquier deporte que pueda ver recostado en su butaca especial con una cerveza en la mano.
Organiza barbacoas a menudo y ya dio por acabada su vida hace mucho tiempo.
No tienen hijos. Solo su vacío.
También se dirigen a la casa de los padres de Donald que es el hermano mayor de Mat. Ni se llevan bien ni dejan de llevarse. No hacen prácticamente nada juntos excepto los encuentros y reuniones familiares obligadas.
Son dos hermanos que ya de jóvenes apuntaban a la nada que de mayores han confirmado.

Key soporta peor que Susan a sus suegros. Porque Key es mas mujer, mas persona, y mas vida que los otros tres juntos. Vive atrapada junto a Donald, del que se enamoró demasiado joven, demasiado inexperta y demasiado pobre, y se asfixia a menudo.

New York es el caos en un día como hoy. Llegar a la zona norte les costará a las dos familias, bueno, a la familia y media, mas de lo esperado.
Susan terminará por ponerse nerviosa. Ella odia llegar tarde, pues no soporta que ningún accidente o error cambien el curso de las cosas tal y como estas están previstas de ante mano.
Sus dos hijos la odian a ella precisamente por ello. Así es la cosa. Pero en esa familia nadie dice nunca nada. El odio se va labrando a sus anchas y en secreto bajo la alfombra o mejor bajo los corazones de cada uno de ellos hasta que sea un polvorín que nadie será capaz de contener. Susan habla y los demás otorgan. Por ahora.

Cuando los padres de Mat y Donald mueran, y no tardaran mucho, esta comida pasará a la historia y aquello que hoy llamaríamos una familia unida pasará a ser un grupo de personas distantes que miraran de evitarse lo máximo posible hasta que les llegue la hora. Triste.
Efectivamente les ha costado mucho a los dos coches llegar hasta  la zona norte cerca de la cuarta avenida con la sesenta y seis.
Aparcar por aquellas calles que rodean central park en un día como hoy es prácticamente imposible. Ambos han estado dando vueltas y mas vueltas hasta que Susan, ya atacada por completo, ha obligado a Mat y sus dos hijos a bajar del coche. Les ha dicho que ya aparcará ella y que vayan pasando pues llegar un cuarto de hora tarde aún sería aceptable pero ya llevan mas de media hora de retraso. Que pasen ellos delante y miren de amortiguar el golpe del mal humor que su suegra estará acumulando. Que ELLA, así en mayúsculas, ya conseguirá aparcar el coche pues otros no han sido capaces. Es una mujer insufrible.

En el otro coche la cosa ha sido distinta. Mas civilizada y aburrida. Key, dándose cuenta, por enésima vez, de que su marido carece por completo de la mínima sangre que podría hacer que perdiera los nervios alguna vez en su puñetera vida, le ha comentado seca y educada, que ella se apeaba e iba subiendo mientras él encontraba un aparcamiento por la zona.
Al salir del coche, antes de cerrar la puerta, le ha recordado que un par de calles mas allá hay un parking en donde seguramente habría plazas para el coche.
Se lo ha dicho sabiendo que el tacaño de su marido dará diez vueltas mas si es necesario antes de gastar ni un solo penique en un parking privado.

Key últimamente bebe. Bebe a escondidas de la gente y de ella misma. No se considera una alcohólica pero está camino de serlo. Entra en un bar que conoce de la esquina con la sesenta y siete, pide un burbon con agua, y se lo toma de un trago. Pide otro y lo apura. Paga y sale disimulando, con la cabeza bien alta, el paso firme, y los andares de una mujer de la alta burguesía neoyorkina.

Así que en la entrada de la casa de los Witman coinciden en el mismo instante, Mat y sus dos hijos, con Key, que viene andando desde el norte cuando ellos están a punto de entrar.

Mat advierte su presencia y la saluda con la mano frenándose.
Cuando Key llega hasta él se besan educados y Mat le abre la puerta y la deja pasar caballeroso al interior de la enorme y cuidada entrada del edifico. Moqueta roja que pegada al suelo indica el camino hasta el vetusto ascensor que, al fondo, preside la estancia. Bellos son los pliegues que el rojo marca en cada uno de los cuatro escalones intermedios de la entrada.
En frente, los dos hijos adolescentes de Mat y Susan, esperan delante del ascensor a que este llegue. Los señores Witman viven en la planta catorce. Tienen unas vistas magníficas de la zona este del parque y de todo el skyline de la sexta avenida y las casas que configuran el limite opuesto del parque en la zona oeste.
Es un piso enorme, victoriano, amueblado con un gusto conservador. Fiel reflejo de sus dueños.

Pat y Marcus, de catorce y diez y seis años, niños mimados y blandos los dos, andan a la greña por cualquier tontería propia de su edad. De repente, y sin mediar explicación ninguna para con los mayores, arrancan uno detrás del otro escaleras arriba como si el diablo les estuviera persiguiendo. Parece que el reto es ver quien llega antes a la carrera hasta el piso catorce a casa de los abuelos.

Desaparecen de su vista en un instante y Mat y Key se encuentran solos y en silencio frente a la puerta metálica del vetusto ascensor que llega.
Seguido al ruido seco y metálico que indica que el aparato ha llegado a un completo stop, Mat abre la puerta y nuevamente de forma caballerosa y algo exagerada abre la puerta y deja paso para que su cuñada entre primero.
Key no soporta ese tipo de gestos. Le parecen la viva imagen de la teatralidad llevada hasta sus últimas y mas mortíferas consecuencias. Quien es él? ¿qué tipo de hombre hace eso? ¿No es ese el signo inequívoco de que alguien ha renunciado por completo a explorar las posibilidades de ser uno mismo?. ¿Es que no tiene el mas mínimo sentido del humor?
Bueno, se dice a si misma, tampoco hace falta exagerar. Mat es un buen tipo. Al menos no molesta y en su momento era bastante atractivo.

Mat pulsa el botón del piso catorce y se gira para situarse frente a key. El ascensor arranca dando un pequeño saltito que ambos ya conocen de memoria.



Key anda perdida en sus propios pensamientos. Una año mas subiendo al piso catorce de casa de los señores de witman. Otra vez a hacer todo el paripé de la maldita comida de navidad. Otro brindis. Mas regalos. Otra charla insoportable con su suegra y su queridísima cuñada Susan. ¿Por qué “ella” no es capaz de atravesar todo aquello como la mayoría de los mortales? ¿sin apenas un roce?
¿Por qué ella es de las que se lo toman en serio y se ven afectadas por todo aquel sin sentido? ¿Por qué, si la mayoría de la gente es capaz de disfrutar de toda aquella sensiblería edulcorada y nauseabunda, ella tiene que ser de las pocas que sigue pensando en todo aquello y tratando, en el fondo, de entenderlo?. Necesita una o mas copas que se va a tomar en cuanto ponga el pie en el piso.

En medio de todas estas preguntas retóricas y repetidas año tras año Mat le pregunta:

-Como estas, key?

Maldita pregunta. ¿cómo estas, key?. ¿Que coño querrá este decir con una pregunta como esta? . Nada. ¿no tienes ninguna pregunta mas idiota y previsible para hacerme? ¿no podrías preguntarme por ejemplo si tengo ganas de desaparecer de ahí? O ¿qué tal si pudiéramos ahora mismo transportarnos por vía telepática a una montaña nevada bajo un cielo azul inmenso en donde nada ni nadie nos pudiera molestar durante varios días? ¿Te gustaría key? ¿Te apetecería que fuéramos tu y yo juntos ahora en un viaje alucinante hasta este rincón inhóspito con el que siempre me decías que soñabas?. Pero no. ¿cómo estas key? Debería responderle que mal, muy mal, pero responde:

-Bastante bien Mat, dadas las actuales circunstancias.

-Que quieres decir Key?

Hay niveles de ironía y del cero al diez esta frase ha sido, pongamos, de un dos o un tres. Pues ni por esas. Es un hombre tan pobre de espíritu que se ha pensado que la sombra de ironía que ha captado en la segunda parte de mi frase iba dirigida o se refería a él y yo juntos en este vetusto ascensor de casa rica.

-Nada Mat, no quiero decir nada mas que lo que he dicho, comprendes?

Cualquier otra persona, ante este segundo comentario lleno de desprecio y desagradable superioridad, se hubiera enfadado un poco. Mat no. Mat simplemente baja la cabeza para luego mirarla y sonreír como un besugo. No ha llegado a ser un hombre de verdad, se quedó en proyecto.

Entonces el ascensor se detiene sin previo aviso entre dos pisos.
Se oye un crujido metálico agudo y muy desagradable y luego todo queda en silencio.

-Que coño pasa aquí?-pregunta en voz alta Key algo melodramática.

Mat está concentrado en el posible movimiento del aparato. Lo toca con sus manos como cerciorándose de que no va a caer, desprenderse o algo así.

-Que coño ha pasado Mat?-repite Key próxima a la histeria aunque en voz baja.

-No lo se-contesta rápido Mat para mirar de calmarla, y añade-El ascensor se ha estropeado.

Key toca el botón del piso catorce y nada sucede. Toca el botón de la planta baja y nada sucede. Toca varios botones sin sentido y todo sigue igual.

-Déjalo Key, por favor, déjalo.

-Me puedes explicar entonces que mierdas vamos a hacer?

Mat toca entonces el botón de alarma de color rojo con una preciosa campana dorada pintada en el centro. Suena un ring mortecino. Mat espera. Mira hacia arriba para ver a través del cristal de la puerta si alguien de fuera se asoma y les ve. El ascensor se ha detenido justo entre dos plantas lo que hace casi imposible tener contacto óptico ni con el rellano de abajo ni, por supuesto, con el rellano de arriba. Están atrapados, detenidos entre dos pisos y sin contacto óptico con nadie por ahora.
Key coge el móvil de su pequeño bolso de piel y marca, busca el número de Donald y espera.

-No contesta!. Seguirá dando vueltas el muy estúpido.

Mat coge su móvil del bolsillo interior de su gabardina marrón estilo clásico otoñal de no me mires que soy mas anodina que un día nublado y marca el número de su mujer.

-Susan….oye…que estoy encerrado… en el ascensor de la casa de mis padres con Key….si….que si….se ha detenido sin razón….si….ya lo… hemos hecho….no responde….nooo…..si…..eso….si….de acuerdo….perfecto…si….de acuerdo….vale..-cuelga.

-De acuerdo que?

-Van a llamar a un servicio de urgencias para estos casos. No pueden tardar mucho.

-Ya, en el día de navidad….vete tu a saber.

-No mujer, no te preocupes, no pueden tardar.

-Mat, por favor, procura no llamarme mujer, si?

-Perdona.

-Estás perdonado desde que naciste Mat.

Mat se calla. Esta vez si que le ha parecido que el comentario “made in Key” estaba un poco fuera de lugar. No le ha gustado. Key lo nota y no dice nada. Va para encenderse un cigarrillo pero Mat la mira y ella entiende que quizás no sea tan buena idea teniendo en cuenta que él es, y ha sido siempre, un firme detractor de los fumadores, de su olor, su humo, y todo su mundo. Tan lejos están el uno del otro.

-Lo siento. Estoy algo nerviosa.

-Yo también.

-No tardarán verdad?-pregunta ella.

-No lo se, la verdad. Nunca me había sucedido algo así.

A key este cometario le ha parecido gracioso. Mat se ha sentido ridículo al hacerlo. Siempre le sucede lo mismo. Cuando está en una situación de cierta intimidad con una mujer empieza a decir obviedades. No puede evitarlo.

-A mi tampoco. Es muy de película no te parece?-dice ella para aliviarle.

-Si. Quizás.

-No. Quizás no. Es una situación de película. Lo importante es que este trasto parece seguro. No creo que nos caigamos hacia abajo a toda velocidad y nos empotremos contra el suelo, no?

Key lo ha dicho con la peor de las intenciones. Sabe que Mat no es un hombre valiente y que el mero hecho de imaginar por un segundo la posibilidad de que el ascensor se soltara y se empotraran a toda velocidad contra el suelo no le va a ayudar a sobrellevar la situación. Ella es así. Amable con los demás.

Susan ha llegado hasta el piso de abajo y desde allí grita hacia el ascensor:

-Estáis bien? Mat, Key, me oís?!!

Se la oye con sordina, como lejos. Mat pega su cara al cristal de la ventanita de la puerta del ascensor procurando ver a su mujer. No llega a distinguir mas que parte de su pelo. También grita:

-Si!. Estamos bien!. Has llamado?! Que te han dicho?!

-Que??!

-Que si has llamado?!! Que cuanto van a tardar en venir??!!

-No lo sabían!!. Media hora o un poco mas!!. Yo voy a subir con tu madre y tu padre que estarán ya muy preocupados. Les digo y vengo. En cuanto sepa algo me vuelvo enseguida!!.

-No hace falta Susan!!. Estamos bien!!. Haz compañía a mis padres y en cuanto lleguen nos dices!!!

-Bueno!!. Ahora vuelvo!!.

-Deja de gritar, haz el favor-Pide Key.

-Ya, perdona.

-Y deja de pedir perdón, de acuerdo?

Key se pone a reír entre dientes y mira franca a Mat.

-Es divertido no? Quizás sean estas las mejores navidades de nuestra vida, eh Mat?

Mat piensa que Key está muy guapa cuando ríe. Siempre le ha parecido una mujer extremadamente atractiva. De echo ha soñado mas de una vez con ella y la ha deseado en silencio desde que la conoció. Le parece un ser adorable. Una mujer Viva. Fuerte. Noble y descarada. Y sobretodo una mujer divertida que se ríe de la vida y de si misma. Si pudiera él se reiría con ella.

Oímos entonces la vos de Donald que grita des de el piso de abajo:

-Ya han llegado!! Key!! Mo oís?!!

Key pone cara de circunstancias como si la noticia y la voz de Donald no le hiciera ni puñetera gracia, y responde:

-Si!!, te oigo!!. Perfecto cariño!!

-Estáis bien??!!

-Si!!. Todo marcha bien!!. Tranquilo!!.

-Os esperamos arriba de acuerdo??!!

-Si!!!


Mat ha estado observando a su cuñada mientras hablaba con Donald y sin saber muy bien de donde saca la fuerza y el atrevimiento para hacer lo que está a punto de hacer, pues para el significará, no ha así para Key, destrozar todo aquello por lo que ha vivido y se ha sacrificado dice en voz baja:

-He soñado que hacía el amor contigo muchas veces Key-Y nada mas decirlo baja la mirada al suelo esperando una respuesta.

Key estalla en una sonora carcajada mezcla de incredulidad, sorpresa y nerviosismo.

-No debería haberlo dicho, verdad?. Perdona.

Key le mira compasiva por unos segundos.

-No te preocupes Mat. Es que no me lo esperaba, la verdad..

-Déjalo estar. Ha sido una tontería.

Se produce un ligero silencio que podría aventurar un final abrupto.

-Y que pasa en tus sueños? Si se puede saber-pregunta Key rompiéndolo.

-Hacemos el amor.

-Ya.

-Sonreímos y somos felices, a veces.

-Ya.

-Retozamos tranquilos uno junto al otro desnudos en un jardin.

-Ya.

-Puedes decir algo mas que no sea, ya?-dice Mat mientras sonríe intranquilo.

Ella alarga su mano derecha y acaricia el pelo rizado de Mat como quien acaricia a un hijo. Mat se queda quieto. Paralizado.
Key piensa que la vida es un auténtico disparate. Un despropósito de dimensiones cósmicas en el que casi todas las piezas están fuera de lugar. Desde luego Mat está completamente perdido en medio de la galaxia sin dirección ni futuro y ella navega entre meteoritos procurando no estrellarse y acabar perdida en un planeta innombrable.
Aquel ascensor se podría decir que es un pequeño agujero negro en medio del caos. Porqué no? Si dice a si misma. ¿Porque no hacer el amor con él en ese ascensor detenido?
Sabe que la pregunta misma suena ya inmensamente triste. Suena a derrota compartida. A azufre. Sabe que al hacerlo abrirá una grieta dolorosa que quizás Mat no sepa negociar. Sabe que del placer que aquello les pueda reportar no quedará nada minutos después cuando se sienten a la mesa de los señores Witman y brinden con los demás por unas buenas navidades. Todo eso lo sabe perfectamente y aún así siente que podría ser.
Acerca entonces su dos manos y coge con ellas la cara de Mat. Acerca sus labios a los suyos y empieza a besarle. Se besan apasionados, desbocados. Con intensidad. Sus manos inician la búsqueda de los contornos prometidos bajo las ropas. Soñados mil veces por Mat, posible refugio de una inmensa soledad en el caso de Key.

Se oye un crujido seco. Como si una palanca se desencajara y la electricidad vuelve a invadir el vetusto ascensor. Se enciende la luz de la cabina y el aparato se pone en marcha reiniciando su ascensión hacia el piso catorce.
Mat y Key se separan bruscamente y recomponen sus ropas, pelos y labios a la velocidad del rayo. Key, justo antes de llegar al último rellano donde les esperan expectantes Donald, Susan, Pat, Mat y el señor y la señora witman, dice:

-Esto no ha sucedido.

Mat asiente y mira al suelo. El ascensor se detiene.


















No hay comentarios:

Publicar un comentario