MERRY CHRISTMAS
Día de navidad en New York. Gente atribulada para llegar a la comida. Tráfico
insoportable. Gente bien vestida dentro de los coches. Nieve sucia en las
aceras. Regalos en los maleteros.
Mat, un hombre de cuarentaiseis años
conduce. Junta a él, su mujer, Susan, de cincuenta y dos. Detrás sus dos hijos
adolescentes.
Llegan pronto como siempre. Cosas de
Susan.
Circulan por la cuarta avenida hacia
el norte. Se dirigen a la casa de los padres de Mat, ya octogenarios, que siguen
organizando una comida despampanante el día 25 a pesar de que sus cuerpos,
mentes y deseos querrían otra cosa.
Son ricos. Para ellos el dinero no es
un problema. Los problemas son muchos, pero son otros.
Susan los soporta bastante bien. Con
los años ha hecho cayo y las piezas de barro se han acoplado hasta confundirse
en la nada de la educación cercana a la muerte.
Key viaja en el asiento del copiloto.
A su lado Donald, su marido, conduce distraído. De amplia barriga, abogado,
gran aficionado al beisbol y a cualquier deporte que pueda ver recostado en su
butaca especial con una cerveza en la mano.
Organiza barbacoas a menudo y ya dio
por acabada su vida hace mucho tiempo.
No tienen hijos. Solo su vacío.
También se dirigen a la casa de los
padres de Donald que es el hermano mayor de Mat. Ni se llevan bien ni dejan de
llevarse. No hacen prácticamente nada juntos excepto los encuentros y reuniones
familiares obligadas.
Son dos hermanos que ya de jóvenes
apuntaban a la nada que de mayores han confirmado.
Key soporta peor que Susan a sus
suegros. Porque Key es mas mujer, mas persona, y mas vida que los otros tres
juntos. Vive atrapada junto a Donald, del que se enamoró demasiado joven,
demasiado inexperta y demasiado pobre, y se asfixia a menudo.
New York es el caos en un día como
hoy. Llegar a la zona norte les costará a las dos familias, bueno, a la familia
y media, mas de lo esperado.
Susan terminará por ponerse nerviosa.
Ella odia llegar tarde, pues no soporta que ningún accidente o error cambien el
curso de las cosas tal y como estas están previstas de ante mano.
Sus dos hijos la odian a ella
precisamente por ello. Así es la cosa. Pero en esa familia nadie dice nunca
nada. El odio se va labrando a sus anchas y en secreto bajo la alfombra o mejor
bajo los corazones de cada uno de ellos hasta que sea un polvorín que nadie
será capaz de contener. Susan habla y los demás otorgan. Por ahora.
Cuando los padres de Mat y Donald
mueran, y no tardaran mucho, esta comida pasará a la historia y aquello que hoy
llamaríamos una familia unida pasará a ser un grupo de personas distantes que
miraran de evitarse lo máximo posible hasta que les llegue la hora. Triste.
Efectivamente les ha costado mucho a
los dos coches llegar hasta la zona
norte cerca de la cuarta avenida con la sesenta y seis.
Aparcar por aquellas calles que rodean
central park en un día como hoy es prácticamente imposible. Ambos han estado
dando vueltas y mas vueltas hasta que Susan, ya atacada por completo, ha
obligado a Mat y sus dos hijos a bajar del coche. Les ha dicho que ya aparcará
ella y que vayan pasando pues llegar un cuarto de hora tarde aún sería
aceptable pero ya llevan mas de media hora de retraso. Que pasen ellos delante
y miren de amortiguar el golpe del mal humor que su suegra estará acumulando.
Que ELLA, así en mayúsculas, ya conseguirá aparcar el coche pues otros no han
sido capaces. Es una mujer insufrible.
En el otro coche la cosa ha sido
distinta. Mas civilizada y aburrida. Key, dándose cuenta, por enésima vez, de
que su marido carece por completo de la mínima sangre que podría hacer que
perdiera los nervios alguna vez en su puñetera vida, le ha comentado seca y
educada, que ella se apeaba e iba subiendo mientras él encontraba un
aparcamiento por la zona.
Al salir del coche, antes de cerrar la
puerta, le ha recordado que un par de calles mas allá hay un parking en donde
seguramente habría plazas para el coche.
Se lo ha dicho sabiendo que el tacaño
de su marido dará diez vueltas mas si es necesario antes de gastar ni un solo
penique en un parking privado.
Key últimamente bebe. Bebe a
escondidas de la gente y de ella misma. No se considera una alcohólica pero
está camino de serlo. Entra en un bar que conoce de la esquina con la sesenta y
siete, pide un burbon con agua, y se lo toma de un trago. Pide otro y lo apura.
Paga y sale disimulando, con la cabeza bien alta, el paso firme, y los andares
de una mujer de la alta burguesía neoyorkina.
Así que en la entrada de la casa de
los Witman coinciden en el mismo instante, Mat y sus dos hijos, con Key, que
viene andando desde el norte cuando ellos están a punto de entrar.
Mat advierte su presencia y la saluda
con la mano frenándose.
Cuando Key llega hasta él se besan
educados y Mat le abre la puerta y la deja pasar caballeroso al interior de la
enorme y cuidada entrada del edifico. Moqueta roja que pegada al suelo indica
el camino hasta el vetusto ascensor que, al fondo, preside la estancia. Bellos son
los pliegues que el rojo marca en cada uno de los cuatro escalones intermedios
de la entrada.
En frente, los dos hijos adolescentes
de Mat y Susan, esperan delante del ascensor a que este llegue. Los señores
Witman viven en la planta catorce. Tienen unas vistas magníficas de la zona
este del parque y de todo el skyline de la sexta avenida y las casas que
configuran el limite opuesto del parque en la zona oeste.
Es un piso enorme, victoriano,
amueblado con un gusto conservador. Fiel reflejo de sus dueños.
Pat y Marcus, de catorce y diez y seis
años, niños mimados y blandos los dos, andan a la greña por cualquier tontería
propia de su edad. De repente, y sin mediar explicación ninguna para con los
mayores, arrancan uno detrás del otro escaleras arriba como si el diablo les
estuviera persiguiendo. Parece que el reto es ver quien llega antes a la
carrera hasta el piso catorce a casa de los abuelos.
Desaparecen de su vista en un instante
y Mat y Key se encuentran solos y en silencio frente a la puerta metálica del
vetusto ascensor que llega.
Seguido al ruido seco y metálico que
indica que el aparato ha llegado a un completo stop, Mat abre la puerta y
nuevamente de forma caballerosa y algo exagerada abre la puerta y deja paso
para que su cuñada entre primero.
Key no soporta ese tipo de gestos. Le
parecen la viva imagen de la teatralidad llevada hasta sus últimas y mas
mortíferas consecuencias. Quien es él? ¿qué tipo de hombre hace eso? ¿No es ese
el signo inequívoco de que alguien ha renunciado por completo a explorar las
posibilidades de ser uno mismo?. ¿Es que no tiene el mas mínimo sentido del
humor?
Bueno, se dice a si misma, tampoco
hace falta exagerar. Mat es un buen tipo. Al menos no molesta y en su momento
era bastante atractivo.
Mat pulsa el botón del piso catorce y
se gira para situarse frente a key. El ascensor arranca dando un pequeño
saltito que ambos ya conocen de memoria.
Key anda perdida en sus propios
pensamientos. Una año mas subiendo al piso catorce de casa de los señores de
witman. Otra vez a hacer todo el paripé de la maldita comida de navidad. Otro
brindis. Mas regalos. Otra charla insoportable con su suegra y su queridísima
cuñada Susan. ¿Por qué “ella” no es capaz de atravesar todo aquello como la
mayoría de los mortales? ¿sin apenas un roce?
¿Por qué ella es de las que se lo toman
en serio y se ven afectadas por todo aquel sin sentido? ¿Por qué, si la mayoría
de la gente es capaz de disfrutar de toda aquella sensiblería edulcorada y nauseabunda,
ella tiene que ser de las pocas que sigue pensando en todo aquello y tratando,
en el fondo, de entenderlo?. Necesita una o mas copas que se va a tomar en
cuanto ponga el pie en el piso.
En medio de todas estas preguntas
retóricas y repetidas año tras año Mat le pregunta:
-Como estas, key?
Maldita pregunta. ¿cómo estas, key?. ¿Que
coño querrá este decir con una pregunta como esta? . Nada. ¿no tienes ninguna
pregunta mas idiota y previsible para hacerme? ¿no podrías preguntarme por
ejemplo si tengo ganas de desaparecer de ahí? O ¿qué tal si pudiéramos ahora
mismo transportarnos por vía telepática a una montaña nevada bajo un cielo azul
inmenso en donde nada ni nadie nos pudiera molestar durante varios días? ¿Te
gustaría key? ¿Te apetecería que fuéramos tu y yo juntos ahora en un viaje
alucinante hasta este rincón inhóspito con el que siempre me decías que
soñabas?. Pero no. ¿cómo estas key? Debería responderle que mal, muy mal, pero
responde:
-Bastante bien Mat, dadas las actuales
circunstancias.
-Que quieres decir Key?
Hay niveles de ironía y del cero al
diez esta frase ha sido, pongamos, de un dos o un tres. Pues ni por esas. Es un
hombre tan pobre de espíritu que se ha pensado que la sombra de ironía que ha
captado en la segunda parte de mi frase iba dirigida o se refería a él y yo
juntos en este vetusto ascensor de casa rica.
-Nada Mat, no quiero decir nada mas
que lo que he dicho, comprendes?
Cualquier otra persona, ante este
segundo comentario lleno de desprecio y desagradable superioridad, se hubiera
enfadado un poco. Mat no. Mat simplemente baja la cabeza para luego mirarla y
sonreír como un besugo. No ha llegado a ser un hombre de verdad, se quedó en
proyecto.
Entonces el ascensor se detiene sin
previo aviso entre dos pisos.
Se oye un crujido metálico agudo y muy
desagradable y luego todo queda en silencio.
-Que coño pasa aquí?-pregunta en voz
alta Key algo melodramática.
Mat está concentrado en el posible
movimiento del aparato. Lo toca con sus manos como cerciorándose de que no va a
caer, desprenderse o algo así.
-Que coño ha pasado Mat?-repite Key
próxima a la histeria aunque en voz baja.
-No lo se-contesta rápido Mat para
mirar de calmarla, y añade-El ascensor se ha estropeado.
Key toca el botón del piso catorce y
nada sucede. Toca el botón de la planta baja y nada sucede. Toca varios botones
sin sentido y todo sigue igual.
-Déjalo Key, por favor, déjalo.
-Me puedes explicar entonces que
mierdas vamos a hacer?
Mat toca entonces el botón de alarma
de color rojo con una preciosa campana dorada pintada en el centro. Suena un
ring mortecino. Mat espera. Mira hacia arriba para ver a través del cristal de
la puerta si alguien de fuera se asoma y les ve. El ascensor se ha detenido
justo entre dos plantas lo que hace casi imposible tener contacto óptico ni con
el rellano de abajo ni, por supuesto, con el rellano de arriba. Están
atrapados, detenidos entre dos pisos y sin contacto óptico con nadie por ahora.
Key coge el móvil de su pequeño bolso
de piel y marca, busca el número de Donald y espera.
-No contesta!. Seguirá dando vueltas
el muy estúpido.
Mat coge su móvil del bolsillo
interior de su gabardina marrón estilo clásico otoñal de no me mires que soy
mas anodina que un día nublado y marca el número de su mujer.
-Susan….oye…que estoy encerrado… en el
ascensor de la casa de mis padres con Key….si….que si….se ha detenido sin
razón….si….ya lo… hemos hecho….no responde….nooo…..si…..eso….si….de acuerdo….perfecto…si….de
acuerdo….vale..-cuelga.
-De acuerdo que?
-Van a llamar a un servicio de urgencias
para estos casos. No pueden tardar mucho.
-Ya, en el día de navidad….vete tu a
saber.
-No mujer, no te preocupes, no pueden
tardar.
-Mat, por favor, procura no llamarme
mujer, si?
-Perdona.
-Estás perdonado desde que naciste
Mat.
Mat se calla. Esta vez si que le ha
parecido que el comentario “made in Key” estaba un poco fuera de lugar. No le
ha gustado. Key lo nota y no dice nada. Va para encenderse un cigarrillo pero
Mat la mira y ella entiende que quizás no sea tan buena idea teniendo en cuenta
que él es, y ha sido siempre, un firme detractor de los fumadores, de su olor,
su humo, y todo su mundo. Tan lejos están el uno del otro.
-Lo siento. Estoy algo nerviosa.
-Yo también.
-No tardarán verdad?-pregunta ella.
-No lo se, la verdad. Nunca me había
sucedido algo así.
A key este cometario le ha parecido
gracioso. Mat se ha sentido ridículo al hacerlo. Siempre le sucede lo mismo.
Cuando está en una situación de cierta intimidad con una mujer empieza a decir
obviedades. No puede evitarlo.
-A mi tampoco. Es muy de película no
te parece?-dice ella para aliviarle.
-Si. Quizás.
-No. Quizás no. Es una situación de
película. Lo importante es que este trasto parece seguro. No creo que nos
caigamos hacia abajo a toda velocidad y nos empotremos contra el suelo, no?
Key lo ha dicho con la peor de las
intenciones. Sabe que Mat no es un hombre valiente y que el mero hecho de
imaginar por un segundo la posibilidad de que el ascensor se soltara y se
empotraran a toda velocidad contra el suelo no le va a ayudar a sobrellevar la
situación. Ella es así. Amable con los demás.
Susan ha llegado hasta el piso de
abajo y desde allí grita hacia el ascensor:
-Estáis bien? Mat, Key, me oís?!!
Se la oye con sordina, como lejos. Mat
pega su cara al cristal de la ventanita de la puerta del ascensor procurando
ver a su mujer. No llega a distinguir mas que parte de su pelo. También grita:
-Si!. Estamos bien!. Has llamado?! Que
te han dicho?!
-Que??!
-Que si has llamado?!! Que cuanto van
a tardar en venir??!!
-No lo sabían!!. Media hora o un poco
mas!!. Yo voy a subir con tu madre y tu padre que estarán ya muy preocupados.
Les digo y vengo. En cuanto sepa algo me vuelvo enseguida!!.
-No hace falta Susan!!. Estamos
bien!!. Haz compañía a mis padres y en cuanto lleguen nos dices!!!
-Bueno!!. Ahora vuelvo!!.
-Deja de gritar, haz el favor-Pide
Key.
-Ya, perdona.
-Y deja de pedir perdón, de acuerdo?
Key se pone a reír entre dientes y
mira franca a Mat.
-Es divertido no? Quizás sean estas
las mejores navidades de nuestra vida, eh Mat?
Mat piensa que Key está muy guapa
cuando ríe. Siempre le ha parecido una mujer extremadamente atractiva. De echo
ha soñado mas de una vez con ella y la ha deseado en silencio desde que la
conoció. Le parece un ser adorable. Una mujer Viva. Fuerte. Noble y descarada.
Y sobretodo una mujer divertida que se ríe de la vida y de si misma. Si pudiera
él se reiría con ella.
Oímos entonces la vos de Donald que
grita des de el piso de abajo:
-Ya han llegado!! Key!! Mo oís?!!
Key pone cara de circunstancias como
si la noticia y la voz de Donald no le hiciera ni puñetera gracia, y responde:
-Si!!, te oigo!!. Perfecto cariño!!
-Estáis bien??!!
-Si!!. Todo marcha bien!!.
Tranquilo!!.
-Os esperamos arriba de acuerdo??!!
-Si!!!
Mat ha estado observando a su cuñada
mientras hablaba con Donald y sin saber muy bien de donde saca la fuerza y el
atrevimiento para hacer lo que está a punto de hacer, pues para el significará,
no ha así para Key, destrozar todo aquello por lo que ha vivido y se ha sacrificado
dice en voz baja:
-He soñado que hacía el amor contigo
muchas veces Key-Y nada mas decirlo baja la mirada al suelo esperando una
respuesta.
Key estalla en una sonora carcajada
mezcla de incredulidad, sorpresa y nerviosismo.
-No debería haberlo dicho, verdad?.
Perdona.
Key le mira compasiva por unos
segundos.
-No te preocupes Mat. Es que no me lo
esperaba, la verdad..
-Déjalo estar. Ha sido una tontería.
Se produce un ligero silencio que
podría aventurar un final abrupto.
-Y que pasa en tus sueños? Si se puede
saber-pregunta Key rompiéndolo.
-Hacemos el amor.
-Ya.
-Sonreímos y somos felices, a veces.
-Ya.
-Retozamos tranquilos uno junto al
otro desnudos en un jardin.
-Ya.
-Puedes decir algo mas que no sea,
ya?-dice Mat mientras sonríe intranquilo.
Ella alarga su mano derecha y acaricia
el pelo rizado de Mat como quien acaricia a un hijo. Mat se queda quieto. Paralizado.
Key piensa que la vida es un auténtico
disparate. Un despropósito de dimensiones cósmicas en el que casi todas las
piezas están fuera de lugar. Desde luego Mat está completamente perdido en
medio de la galaxia sin dirección ni futuro y ella navega entre meteoritos
procurando no estrellarse y acabar perdida en un planeta innombrable.
Aquel ascensor se podría decir que es
un pequeño agujero negro en medio del caos. Porqué no? Si dice a si misma.
¿Porque no hacer el amor con él en ese ascensor detenido?
Sabe que la pregunta misma suena ya
inmensamente triste. Suena a derrota compartida. A azufre. Sabe que al hacerlo
abrirá una grieta dolorosa que quizás Mat no sepa negociar. Sabe que del placer
que aquello les pueda reportar no quedará nada minutos después cuando se
sienten a la mesa de los señores Witman y brinden con los demás por unas buenas
navidades. Todo eso lo sabe perfectamente y aún así siente que podría ser.
Acerca entonces su dos manos y coge
con ellas la cara de Mat. Acerca sus labios a los suyos y empieza a besarle. Se
besan apasionados, desbocados. Con intensidad. Sus manos inician la búsqueda de
los contornos prometidos bajo las ropas. Soñados mil veces por Mat, posible
refugio de una inmensa soledad en el caso de Key.
Se oye un crujido seco. Como si una
palanca se desencajara y la electricidad vuelve a invadir el vetusto ascensor.
Se enciende la luz de la cabina y el aparato se pone en marcha reiniciando su
ascensión hacia el piso catorce.
Mat y Key se separan bruscamente y
recomponen sus ropas, pelos y labios a la velocidad del rayo. Key, justo antes
de llegar al último rellano donde les esperan expectantes Donald, Susan, Pat,
Mat y el señor y la señora witman, dice:
-Esto no ha sucedido.
Mat asiente y mira al suelo. El
ascensor se detiene.
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